lunes, 10 de diciembre de 2012
martes, 27 de noviembre de 2012
ÍDOLOS DEL MERCADO
100 ÍDOLOS DEL MERCADO
El conjunto de retratos de deportistas que componen esta instalación ha ido surgiendo al hilo de la actualidad. Durante dos años he reunido sus efigies según iban surgiendo en los medios de comunicación. Algunos son ídolos del momento, y quizá las siguientes generaciones no los recuerden; otros, son ya figuras para la historia del deporte. He mezclado deportistas de distintas disciplinas y nacionalidades sin pretender ser exhaustiva, limitando la selección a mi criterio personal, a las imágenes que iba encontrando aquí y allá. Desde el punto de vista conceptual, la instalación es un homenaje al Pop Art, a artistas del siglo XX como Duchamp, Warhol o Richter; todos ellos utilizaron imágenes populares, las sacaron de contexto, y les dieron una nueva dimensión. La teoría de los ídolos de Francis Bacon (1561-1626) y su lema :“El hombre es un Dios para el hombre”, me han inspirado el título de la obra. Los ídolos de la Tribu, de la Caverna, del Foro y del Teatro son para Bacon los "errores" que impiden que el hombre pueda conocer el Mundo. El enunciado de esta teoría y su desarrolo siempre me han parecido muy sugerentes, y aquí los utilizo de forma irónica. Internet es un gran bazar de imágenes que circulan de continente a continente a toda velocidad. Niños y adultos del mundo entero admiran a Messi, Cristiano Ronaldo o Neymar. El deporte en general, y el fútbol en particular, levanta pasiones y entusiasmo en las masas; las expresiones de los rostros de los deportistas aquí retratados las simbolizan.
domingo, 29 de julio de 2012
LIBROS PEQUEÑOS, LECTURAS PROVECHOSAS
En Abstracción y Naturaleza, W.Worringer dice que el arte más humano es aquel que da razón de las cosas aislándolas de su entorno, analizándolas y simplificándolas. Afirma que las formas abstractas sujetas a ley son las únicas en las que el hombre puede descansar ante el inmenso caos del panorama universal. Dice también que un objeto que depende del espacio que lo rodea no lo podemos percibir en su individualidad material y que, al representarlo, hay que suprimir su tridimensionalidad, su volumen- que él define como lo cúbico torturante - y hacerlo aparecer como algo plano. El individuo, ante la confusión que genera la continua transformación del mundo, necesita fijar formas y contenidos, y la manera de ordenarlos es trasladarlos al plano.
Últimamente los árboles y las plantas empiezan a darme miedo, se muestran como algo amenazante y en continua expansión, materializan el caos del que habla W.W. y no puedo dejar de relacionarlos con Dios; el caos es la verdadera cara del Ser Supremo. En la película THE LITTLE SHOP OF HORRORS, las plantas devoran a los clientes y luego incrustan sus rostros en las flores. Nosotros también seremos engullidos por las excrecencias verdes, a las que serviremos de alimento, y ellas crecerán y crecerán llenándolo todo con su estúpida presencia... ¡Y a eso llamamos Madre Naturaleza!.
Las cosas a las que se refiere W.W. no son precisamente las que conforman el entorno natural, sino las ideadas por el hombre. No me gustan los cuadros de paisaje, ni los fondos de los retratos clásicos en los que aparecen paisajes; detesto lo verde pintado; repudio a los pintores plain air. ¿Cómo es posible que haya alguien que pinte a su verdugo con tanta parsimonia y que eso le haga feliz? Del arte de Cezanne habría que suprimir toda la paja, o sea los cuadros, de los que él mismo dudaba, y dejar únicamente la intención: pintar la Naturaleza según el cilindro, la esfera y el cono. Cezanne no supo desarrollar esta idea en toda su magnitud, aunque sus sucesores sí captaron su importancia. Worringer diría: representar la Naturaleza según el cuadrado, la circunferencia y el triángulo, y tenía razón.
Clement Greenberg fue el profeta de lo plano; bajo su tutela, los pintores americanos de la escuela de Washington de los 60, los Noland, Louis, Newman y compañía, llegaron a la aberración de mirar los cuadros de perfil antes de exponerlos, para asegurarse de que la pintura vertida sobre la superficie del lienzo no sobresaliera ni un solo milímetro. Worringer no cae en este tipo de extremismos, pero su inclinación por lo abstracto ornamental, lo mecánico-inorgánico, la simplificación frente a la multiplicación, y su defensa del arte como superación del afán de trascendencia que padece el hombre, me han terminado por convencer de que, cuanto más sintética sea la forma representada, cuanto más claro y sencillo sea el dibujo del objeto, y cuanto menos se busque la profundidad en la composición de un cuadro, más fácilmente lo aprehenderá el
espectador.
viernes, 7 de mayo de 2010
¡QUÉ GRAN CABEZA!

A Ángel lo conozco desde que éramos estudiantes y asistíamos al seminario de estética de Simón Marchán en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid. Por aquél entonces yo era una chica llena de dudas a la que cualquier mindundi con visos de intelectual y argumentos farragosos sobre la muerte del arte podía destrozar la autoestima, como así ocurrió. Pero el culpable no fué Ángel, al contrario, el pobre se esforzaba por defender la pintura de los agoreros que la querían matar antes de tiempo, incluso me cuenta que me llevó a ver una exposición sobre Miguel Ángel de la que se me ha borrado todo recuerdo. Pero, convencida como estaba de que los mindundis eran los que llevaban razón y que aquello del arte era cosa de darle mucho al coco y poco a la mano, huí rauda a Etiopía como en su día lo hizo Rimbaud.
Siempre leo lo que escribe Ángel como el que espera una revelación. Hay que estar muy atento a todas sus pesquisas para que no se nos escape ninguna pista de las innumerables que nos suele dar. Creo que Ángel por encima de cualquiér otra cosa ama el arte y lo persigue hasta en sus más oscuros rincones. Siempre esta por la pintura; defiende lo sencillo, lo cotidiano, lo que esta ahí, lo tradicional. Nos dice en lo que hay que fijarse, y él mismo busca rodearse de elementos que le sirvan de referente tales como huertos, emparrados, casas con historia, vecinos extraños, cacharros, manjares, migas, libros, perros, amigos, cuadros, fantasmas...Su erudición es impresionante pero nunca hueca. En sus textos hay miles de citas pero siempre nos sorprende con una frase o un giro que va directo al meollo de la cuestión. A veces es destructivo, implacable con ciertos artistas a los que detesta e intenta desenmascarar; nos echa por tierra esos mitos a los que veneramos y que él trata como a traidores; tiene debilidad por otros en los que ni siquiera reparábamos y él nos los descubre en todo su esplendor.
Ángel es demasiado. Demasiado inteligente, demasiado brillante, demasiado sarcástico, demasiado radical, demasiado exagerado, demasiado insobornable, demasiado tierno...Pertenece a una especie aparte de esas que están en extinción.
P.S. He cambiado esta "entrada" después del "cariñoso" chorreo que me propinó Ángel ayer. No fue muy afortunado por mi parte "juntarle" con ese otro paisano suyo. Como me dijo con su sorna carácterística era como meter en el mismo saco a Leire Pajín y a Stalin. Ángel ante todo es mi amigo y sus opiniones son ley, así que rectifico rápidamente y asunto acabado. Para los que no le conozcan añado un enlace que encuentro en la página que sus fans le dedican en Facebook , donde él mismo se explica: http://www.rtve.es/mediateca/videos/20090101/miradas-2-pintar-sin-tener-ni-idea-angel-gonzalez/375431.shtml . Vale.
jueves, 22 de abril de 2010
LAS TRES SALAS (visita al Kunsthaus de Zurich)

El acceso al Kunsthaus ya hacía presagiar algo extraordinario: calles empinadas y solitarias, edificios de estética calvinista, ventanas con cristales emplomados, adoquinado irregular, cielo gris plata, temperatura gélida, librerías de viejo, portales cerrados, carteles en alemán con letra gótica..
Una vez dentro del museo apenas se oía ruido, el ir y venir de los escasos visitantes quedaba amortiguado por la elegante moqueta con ornamentación geométrica. El ambiente era de iglesia, el silencio reverencial. Como una aparición surgieron ante mí, una tras otra, aquellas tres salas. La primera, dedicada a Ferdinand Hodler, era imponente por su aspecto de mausoleo; se accedía a ella por una escalinata; los enormes cuadros que cubrían totalmente las paredes eran de colores claros bastante mortecinos, pero extrañamente poderosos; las composiciones de mujeres y hombres desnudos inmersos en paisajes yermos, sus carnes pétreas, sus posturas hieráticas de sensualidad helada, parecían evocar un limbo entre el cielo y la tierra. A pesar de la aparente frialdad de la instalación y de la luz cenital que enfriaba aún más el ambiente, aquellas obras reflejaban la pasión del artista por su país, no en vano había empezado su andadura en el mundo del arte pintando en serie vistas de los lagos y las montañas para los turistas.
Después de enredarme en el complicado recorrido del museo y atravesar salas donde convivían cuadros de todas las épocas y todos los estilos, un poco mareada y todavía impresionada por la rotundidad de Hodler y sus enjutas criaturas, entré en una sala de proporciones armónicas y paredes verde oscuro. La presidía una estatua femenina blanca y negra emergiendo de un lecho de flores naturales; alrededor, colgaban cuadros enmarcados en oro que parecían esmaltes. La belleza de la pintura de Böcklin explotaba en el azul turquesa de los cielos y el rojo intenso de los ropajes. De este maestro que tanto había influído en artistas como De Chirico, recordaba su famosa Isla de los Muertos de la que hizo varias versiones y cuya silueta había trazado yo en algunos dibujos. En uno de los cuadros aparecía una figura vuelta de espaldas y a contraluz, posiblemente la Pitia, característica de Böcklin. La palabra enigma, cuyos ecos recoge De Chirico en sus escenas metafísicas, está íntimamente ligada a este pintor y a Nietzsche.
Salí de allí con una dulce sensación a pesar de que la pintura de Böcklin no es precisamente optimista. Crucé un pasillo y entré en una pequeña habitación redonda con vitrinas donde había cuadritos de costumbres y paisajes románticos. Casi no me detuve a mirarlos porque al fondo se veía otra sala mucho más interesante. Los cuadros no destacaban esta vez por el colorido sino por los personajes caricaturescos con expresiones de susto, las odaliscas de carnes níveas y los animales de fábula. Teniendo en cuenta que Füssli vivió a caballo entre los siglos XVIII y XIX, revela una personalidad visionaria e intempestiva. En mi exposición Dos Estancias había un cuadro dedicado a su Pesadilla, en el que mezclé distintas referencias con intención irónica.
Leo que De Chirico criticaba a los que utilizaban influencias directas de otras obras, o de libros, y que los consideraba creadores de segunda. Es posible que tuviera razón, aunque él tampoco se libró de esas influencias. Prefiero decir con Ezra Pound aquello de "¡Hazlo nuevo!" y no preocuparme por la clase de artista que sea o deje de ser.
A la salida del museo, dada mi mitomanía, quería pasar por el Cabaret Voltaire, cuna de DADA, aunque temía decepcionarme. Por uno de los ventanales se veían las paredes con grafittis al estilo Basquiat, un pianito y mesas boca abajo. El bar me pareció bastante desangelado, pero intenté imaginarme a Ball, Tzara, Richter, Janco, Huelsenbeck, Arp y demás tropa haciendo de las suyas.
Verdaderamente, Suiza es un país raro por el que no parece transcurrir el tiempo. Los paisajes nunca cambian porque apenas se construye; las ciudades parecen ancladas en un presente eterno tan gris y triste como las fachadas de las casas; los rígidos horarios y la seriedad de los ciudadanos, hacen que el extranjero se sienta intimidado. Sólo la presencia de italianos en los cafés y hoteles, con su proverbial desenfado, dan un poco de calor a esta sociedad calvinista y cerrada.
Raros son también sus artistas, raros y originales; son seres singulares, flores extraordinarias que extienden su aroma por Europa y que parecen querer reivindicar su Patria contra viento y marea, contra aquellos que piensan que después de quinientos años de democracia, en Suiza sólo se ha inventado el reloj de cuco.
domingo, 18 de abril de 2010
MELANCOLÍA

Cuando nuestros pacientes huesos hayan conseguido deshacerse de la pesada carga de grasa y agua- carga que han soportado durante décadas- y de los kilómetros de tejido viscoso que constituye nuestras vísceras, quedarán por siempre libres e iguales. Nada restará del individuo único e irrepetible más que esa cosa tan científica y microscópica llamada ADN; dificilmente se distinguirán unos esqueletos de otros, salvo por los huecos de las calaveras.
La calavera de la bisabuela tiene unos huesos muy armónicos y una dentadura sin tacha, inspira mucho desde su sitio en el escritorio, no trae consigo ningún pensamiento macabro. Sin embargo, las cenizas del tío sobre la chimenea resultan espeluznantes. Es porque la calavera es algo y las cenizas nada, y la nada es mucho más terrorífica que cualquier espanto salido de nuestra imaginación.
INMADURACIÓN (29-08-09)

La inmaduración es un proceso mental negativo. Consiste en un rebobinado de etapas pasadas, en un estado psicológico en el que el sujeto permanece anclado a una especie de bucle sin fin durante el cual no es capaz de mirar hacia adelante. Las imágenes y los pensamientos se dirigen continuamente al pasado y de él surgen una y otra vez fantasmas que habían sido reprimidos, imágenes trilladas propias y ajenas, palabras enterradas, sentimientos oscuros. Durante esta desagradable experiencia, el Yo se disuelve primero y luego se transmuta en otros. La personalidad del individuo que padece esta transformación, supuestamente pasajera, cambia de tal forma que aunque externamente siga pareciendo la misma persona, en su interior deja de serlo y solo se siente en paz leyendo lo que otros han escrito y pensando como aquellos a los que admira aunque hayan vivido en épocas remotas.
Según creen los expertos, este estado de cuasidemencia lo provocan las almas de los muertos que flotan a nuestro alrededor creando un campo magnético fortísimo que afecta a los espíritus más sensibles. Son personajes sombríos, como los de los sueños, que permanecen "en los umbrales del reino de la nada" acechándonos sin descanso.
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